Retrato del Alma


Francisco Javier nace en una humilde familia de un pequeño pueblo de Cáceres llamado Santiago del Campo.
Una vida marcada por la religión y la tradición.
La ausencia de la figura paterna se entremezcla constantemente con la presencia omnipresente de Dios.
Recuerda ser un niño profundamente conectado con Dios, de esos que lloraban por haber olvidado confesar algún pecado.
Un halo de tristeza se cierne sobre su infancia.
Llena de ausencias y falta de amor puro.
Tímido y solitario.
Prefería quedarse en casa leyendo un libro, que salir de fiesta con amigos.
Tras una adolescencia marcada por las creencias limitantes de una sociedad anclada en el pasado y en los miedos, en la renuncia y el sacrificio, Francisco cristaliza la creencia de que el amor no es para él.
Quedándose con aquello del: “Qué bonito es el amor, pero el amor no es para mí.”
Una creencia que se convertiría en el pilar de su vida afectiva.
Una creencia y una lección de vida que aprender.
Porque es exactamente por eso por lo que hoy en día se dedica a las relaciones de pareja.
Porque el amor ha sido su asignatura más difícil.
Y, actualmente, vive dedicado a acompañar a otras personas a transformar sus heridas de amor.
A transformarlas en herramientas para conocerse a sí mismos y vivir en paz.
De apariencia y fondo tranquilo, Francisco se define como un buscador de la paz interior.
Apasionado con su profesión.
Aunque en realidad más que una profesión, es un propósito de vida.
Y, es que, ya se sabe que cuando uno vive en propósito, el trabajo ya no es ni trabajo.
Sino, más bien, un placer.
La felicidad es una decisión, suele decir.
Y, es que, igual que antes creía que la vida debía darle cosas que le hicieran feliz para sentirme
agradecido con ella.
Ahora ha descubierto que la gratitud nace de la oportunidad misma de vivir.
Y, en este sentido, honra a sus padres por haberle dado la vida.

Francisco Javier Gutiérrez

Francisco Javier Gutiérrez

Coach | Terapeuta Transpersonal

 

Un hombre sencillo. Afable.
Y que nos guiará a través del gran aprendizaje de la vida:
que no necesitamos amor,
porque ya somos amor.